Aunque digan que sos una droga para mí (algo que parece ser bueno pero en realidad es malo y nocivo) los ignoraré. Porque sí sos una droga para mí, pero una droga me hace bien. Podrán decir que jamás pensás en mí, que ni siquiera te acordás de mi nombre pero voy a seguir pensándote y soñándote. ¿Por qué no? ¿Quién me prohíbe sentir? ¿Quién manda en mi corazón? Nadie, a lo sumo, yo misma. ¿Por qué no me puedo arriesgar? ¿Tal vez por errar? No me interesa, soy lo suficiente poco cobarde como para saber qué hacer conmigo.
¿Los límites? Nah, eso no existe. En mi mundo, en mi corazón, en mi vida, los límites son barreras, barreras que no permiten que te golpees. Y por eso, es que estoy probando esto de quererte. Porque nadie me dice qué hacer, cómo, ni cuándo, ni dónde. Para eso, claro, estoy yo.
¿Por qué se preocupan tanto en decirme que ESO o AQUELLO me va a hacer mal? Lo que me pase a mí, sólo me pasa a mí. No entiendo porqué giran alrededor de mis problemas carcomiéndome la conciencia de que si lo que hago está mal o bien. No existe el bien y el mal. Estos, tan sólo se complementan. Porque ambos se necesitan. Se necesitan como yo te necesito a vos. Como mi droga, como mi aire.
No hay comentarios:
Publicar un comentario